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El nuevo orden educativo 

Armando Vásquez / 2020-07-28

AHORA QUE LA GOBERNADORA Claudia Pavlovich dejó en claro que en Sonora no habrá clases presenciales por lo menos durante el siguiente ciclo escolar debido a la pandemia, lo cual se aplaude, vale la pena retomar algunos puntos de vista de los estudiosos del tema, principalmente a nivel universitario y redondear algunos matices que se van a presentar. 

Le recomiendo la conferencia “La educación a distancia durante y después de la pandemia” realizada recientemente por la Academia Mexicana de Ciencias y que puede encontrar aquí: https://bit.ly/332sYHI 

De los 850 mil estudiantes en Sonora, más de 120 mil pertenecen al orden universitario y en este tenor en el país son poco más de cuatro millones de estudiantes. Desgraciadamente y de manera natural hay deserción escolar, pero ahora que será en línea no se tiene el dato concreto sobre los miles que dejarán las clases al no contar con las herramientas necesarias para tomar clases en línea. 

Mire usted. La nueva modalidad  conlleva una reducción en costos. Un presupuesto de cualquier organización educativa conlleva un 70-30 en sus gastos antes del coronavirus. La mayor parte sirve de pago para personal académico, administrativo y de conservación y mantenimiento. 

Ese 30 por ciento deberá reducirse hasta en un 70 por ciento toda  vez que no serán necesarias las adquisiciones de servicios de mantenimiento como refrigeración, limpieza, impermeabilizaciones, agua potable y drenaje, pago de la luz y un largo etcétera incluyendo almacenamiento, adquisición de utensilios como gises, pizarrones, mobiliario y así sigue la lista. 

Incluso el presupuesto relacionado con el personal administrativo se reduciría desde el momento en que el uso de secretarias, conserjes, jefes de áreas y más, se limitaría pues los procesos serán en línea.  

¿Construcción de nuevas aulas, o espacios que se requieren como estacionamientos, laboratorios, gimnasios, etcétera?... quedan fuera. 

 En el caso de México, según los datos de la conferencia mencionada al principio, durante el ciclo 2019-2020 el nivel presencial en las universidades correspondía a poco más de cuatro millones de alumnos. Y el trece por ciento, (más menos 500 mil), no contaban con las herramientas debidas de allí que se manejó una propuesta para que en lugar de becas se les otorguen los medios de informática (computadora, tablets o cualquier otro) necesarios para que tengan acceso a la educación. 

Otra transmutación que sufrirá,  son aquellas relacionadas con la limitada interrelación y los hechos negativos que ocurren al respecto como acoso sexual, buylling y todos aquellos que suelen ocurrir, lo cual suena lógico. 

Además los maestros tendrían más tiempo, sobre todo en aquellas plataformas que cuenten con el recurso vía software de revisión automático de las tareas, trabajo de investigación y exámenes que se revisarían conforme a un modelo informático establecido. Y los que no tengan esto, agárrense. 

Esto último a su vez permitirá que el número de alumnos por maestro (que en las universidades públicas es de entre 30 a 40 por salón aunque lo ideal es que no rebasen los 25) se incrementen hasta en un 30-40 por ciento toda vez que la parte laboral más difícil, pesada, para un educador, suele ser la revisión de los trabajos entregados por la cantidad significativa que deben revisar en un tiempo determinado pero cuyo punto lo realizaría pues, el mencionado software integrado dentro de la plataforma.  

Es la tendencia y hay que invertirle. De hecho también en ese programa que detecta el copy page lo cual quita mucho tiempo y es un dolor de cabeza para los docentes. 

Se batallará un poco al principio pero será cosa de que todos se pongan las pilas. 

En el caso universitario, los maestros  se conforman en dos tipos, aquellos de tiempo completo (que manejan de uno a tres grupos), cuya responsabilidad además es realizar investigación científica y gestión académica y los de horas sueltas, cuya obligación es dar clases exclusivamente y que dependiendo de su antigüedad y derechos puede impartir su cátedra en un número que varía de uno a seis grupos. 

La competencia de las organizaciones universitaria también cambiará pues al reducirse notablemente los costos deberán planificar su promoción  encaminada al mejoramiento del profesorado, en otras palabras, ahora las universidades deberán pelearse por los mejores maestros para impartir clases desde casa pues ya no habrá edificios, mobiliario, bibliotecas y todos aquellos atributos que sirvan como promoción recurrente para atraer mayor número de estudiantes. 

También desaparecerá aquella idea de inscribir a los chamacos en instituciones donde podrán acceder a un círculo de amigos que les permita definir mejor su futuro, tipo Tec de Monterrey, por ejemplo. 

Otro punto es que en el caso de las instituciones educativas privadas, al prescindirse de los costos propios ya mencionados, las inscripciones y colegiaturas deberán reducirse hasta en un 60 por ciento como ocurre en las grandes universidades gringas –Harvard por ejemplo--, que ya abrieron sus puertas para incluir alumnos de todo el mundo y en su idioma. Ese será otro tema de competencia a tratar muy  interesante pues está en boga en los EU. https://bit.ly/2WZUX7e 

Llegó la hora, pues, de competir realmente en este mundo globalizado. 

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere. 

 

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 30 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorado en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de CEO, Consultoría Especializada en Organizaciones… Cuando la unión de esfuerzos no es suficiente. 

 

Correo electrónico: [email protected] 

Twitter: @Archivoconfiden  

https://www.facebook.com/armando.vazquez.3304 


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